La carga impositiva sobre la actividad agrícola volvió a superar la mitad de la renta generada por el campo y el último Índice FADA ubicó en 58,2% la participación del Estado sobre la renta agrícola promedio.Esto significa que de cada $100 que genera una hectárea después de cubrir sus costos productivos, $58,2 se destinan al pago de impuestos.
El indicador mostró una mejora respecto de junio, cuando había alcanzado el 61,9%, aunque la reducción no responde a una baja generalizada de los impuestos. Según FADA, el resultado se explica principalmente por una combinación de mejores precios de los granos y una caída en el costo de un insumo clave como la urea.
De este modo, la renta agrícola promedio queda distribuida de la siguiente manera: 58,2% corresponde a impuestos, 27,3% al costo de la tierra y apenas 14,5% representa el resultado económico del productor. El escenario tampoco es igual para todos los cultivos: la participación del Estado alcanza el 60,7% en soja, el 53,8% en maíz, el 55,5% en trigo y el 56,8% en girasol.
Una mejora que llegó por los precios y los costos
La caída del índice respecto de junio estuvo vinculada principalmente con el comportamiento del mercado internacional y la evolución de algunos costos productivos. El precio de los granos mostró una recuperación. La soja se ubicó en torno a los 371 dólares por tonelada, el trigo en 237 dólares y el maíz en 195 dólares, según los valores utilizados por FADA para la medición.
Al mismo tiempo, la urea, uno de los principales fertilizantes utilizados por los productores, registró una baja significativa. El precio promedio pasó de 730 dólares por tonelada en junio a 570 dólares en septiembre.
La mejora en la relación entre el precio de los granos y el costo del fertilizante fue particularmente significativa. Para comprar una tonelada de urea ahora se necesitan 2,9 toneladas de maíz, frente a las 4 toneladas que se requerían en junio. En trigo, la relación pasó de 3,4 a 2,4 toneladas.

“La relación insumo-producto muestra cuánto esfuerzo necesita hacer el productor para comprar un insumo. Hoy, tanto para maíz como para trigo, se necesitan menos toneladas de grano que en junio para comprar una tonelada de urea”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.
La mejora también permitió que el trigo mostrara un resultado positivo antes del pago de impuestos, algo que no ocurría con la misma claridad en mediciones anteriores. Pero el alivio no alcanza para modificar el dato central del informe, con impuestos todavía representan más de la mitad de la renta agrícola.
La mayor parte de la carga está en Nación
El trabajo de FADA muestra además dónde se concentra esa carga tributaria. Del total de impuestos que inciden sobre la renta agrícola, el 55,6% corresponde a tributos nacionales no coparticipables, mientras que el otro 35,7% corresponde a impuestos nacionales coparticipables. En paralelo, los tributos provinciales representan el 7,8% y los municipales apenas el 0,9%.
La composición es relevante, porque los impuestos nacionales explican más del 90% de la carga tributaria relevada por FADA. Dentro de los tributos nacionales aparecen componentes como las retenciones y el impuesto a los débitos y créditos, mientras que entre los coparticipables tienen peso Ganancias y los saldos técnicos de IVA.
La entidad señaló que la participación de los impuestos nacionales no coparticipables se encuentra en su nivel más bajo desde junio de 2019, aunque continúa representando más de la mitad del total. Las retenciones tuvieron una participación menor dentro de la carga tributaria luego de las reducciones aplicadas desde diciembre de 2023, mientras que ganaron peso relativo impuestos vinculados al resultado económico, como Ganancias.
Qué pasa en Buenos Aires
La presión tributaria tampoco es idéntica en todas las regiones productivas. El índice de septiembre ubica a Buenos Aires en 56,1%, por debajo del promedio nacional del 58,2%. En el resto de las provincias relevadas, el indicador marca 58,4% en Entre Ríos, 56,9% en Córdoba, 55% en San Luis, 54,7% en La Pampa y 53,9% en Santa Fe.
Por eso, un mismo impuesto puede tener una incidencia diferente sobre la renta dependiendo de dónde se produce y de las condiciones productivas de cada zona.

En este punto, vale recordar que FADA aclaró que estas diferencias no significan necesariamente que en una provincia se paguen más impuestos en pesos que en otra. El índice combina los rindes, los precios, los costos de producción, los fletes y las distintas cargas tributarias de cada territorio.
El debate por las tasas municipales
El dato sobre los municipios aparece en medio de una discusión que se profundizó en las últimas semanas en distintos distritos bonaerenses. Productores y entidades rurales cuestionan el nivel y el destino de las tasas viales, mientras algunos intendentes remarcan que esos tributos representan una porción muy pequeña dentro del conjunto de la carga que soporta el campo.
El Índice FADA ubica esa participación en el 0,9% del total de impuestos que pesan sobre la renta agrícola, aunque dentro de este grupo aparecen tasas vinculadas específicamente con servicios municipales, como la tasa vial.
La discusión, entonces, tiene dos planos diferentes. Uno es el peso global de los impuestos sobre la producción agropecuaria, donde la Nación concentra la mayor parte. Otro es el debate específico sobre las tasas municipales y la contraprestación que reciben los productores por esos pagos.
En municipios como Colón y Chivilcoy, esa discusión ya está sobre la mesa, con reclamos por el estado de los caminos y distintas propuestas para mejorar la administración de los recursos.
El flete, otro costo que pesa sobre la renta
La mejora en el precio de los granos y la caída de la urea no se repitió en todos los componentes de la estructura de costos. El transporte continúa siendo una de las principales cargas para los productores y aumentó respecto de junio. Su impacto, además, cambia de acuerdo con la distancia entre las zonas productivas y los puertos.
En el maíz, el flete representa el 28% de los costos totales en el promedio nacional. En soja llega al 20%, mientras que representa el 13% en girasol y el 11% en trigo. La incidencia es todavía mayor en provincias alejadas de los puertos. En Córdoba, San Luis y La Pampa, alrededor de dos de cada diez camiones de maíz producidos se destinan a pagar el transporte.
“Por eso, el precio del grano no es el único elemento que define la renta agrícola. También importan los costos de producción, la distancia a los mercados, los rindes y la estructura impositiva de cada territorio”, explicó Pisani Claro. De este modo, septiembre dejó una mejora respecto de la medición anterior, pero con una fotografía que sigue siendo exigente para el productor: los impuestos representan 58,2% de la renta agrícola, mientras que el resultado económico queda en 14,5%.